Reportaje
El emprendimiento en Guayaquil no solo busca el desarrollo económico de sus participantes, sino que se ha vuelto también una forma de orientar a los jóvenes, de ampliar su aprendizaje y mantenerlos alejados de los vicios y la calle. Así lo explica Patricia Grijalba Ruiz, presidenta del Consejo Barrial de la cooperativa San Ignacio de Loyola, al noroeste de Guayaquil, donde unas adolescentes emprendedoras, que fueron candidatas a reina de su barrio, se reúnen desde hace un mes y medio en un abandonado retén policial para diseñar y armar mesas, asientos, camas de mascotas, adornos y más elementos con llantas recicladas.
“El Consejo Barrial puso un capital semilla de $ 500 para que se compren herramientas, el resto lo vamos reciclando; los vecinos al ver este esfuerzo nos ayudan, prestan herramientas y le enseñan a las chicas a usarlas”, dice Grijalba.

Dayanna Quinde (17), Yerina Caicedo (19), Karelys Aguilar (18) y Kendy Grijalva (17) son parte del voluntariado. Sin dudar ellas se recogen el cabello para cortar y taladrar madera, pintar, promocionar y vender los productos.
La moradora Lady Rodríguez es la guía de este grupo, que se lo conoce como la Mesa de Jóvenes Emprendedores, creado para “alejar a los chicos de los peligros de la calle”.
“Ya estuvimos en una feria y los productos gustaron mucho; los vecinos se sorprenden porque no pensaron que de aquí podía salir algo tan bien hecho, ya tenemos varios pedidos”, cuenta Cynthia Mina, miembro del Consejo Barrial.